miércoles, 11 de noviembre de 2009

La aventura de ser maestro.

Tengo cinco años como profesor en el nivel de educación media superior en el Estado de México. Estoy de acuerdo con el autor de texto la aventura de ser maestro, acerca de que se aprende a ser profesor por ensayo y error. El camino está lleno de dificultades desde llegar a una escuela que no cuenta con salones apropiados para la enseñanza y aprendizaje, hasta tomar aquellas clases que no corresponden a tu perfil y la escasa preparación para organizar una clase, lograr el orden que permita el trabajo y ganarse la atención de los alumnos. En el caso de profesionistas universitarios, podemos decir que nadie nos enseñó a ser profesores y tengo que aprenderlo por mí mismo.

Lo que busco como maestro es cierta seguridad y libertad para enseñar, tener la oportunidad de modificar contenidos y ensayar nuevas maneras de explicar un tema, escapando del tedio y la rutina para hacer de la docencia un trabajo con pasión. Un servicio en donde mis estudiantes cuenten y tengan una parte importante de mi desarrollo como docente. Con el paso del tiempo voy corrigiendo ciertos errores y apuntalando lo positivo, aquello que parece dar mejores resultados en el entorno y las circunstancias particulares de mis estudiantes.

La escuela es un taller en el que se prepara para la vida, donde compartimos historia en una comunidad educativa, los padres, los estudiantes y los maestros. Ser maestro implica para mí intentar que el conocimiento los acerque a conocer la realidad que les toca vivir, que ciertamente es distinta a la mía. Hace poco leí un artículo sobre la situación de los educadores españoles que decía: “profesores del siglo XX intentan educar a jóvenes del siglo XXI en unas escuelas del siglo XIX”, esta frase rescata mucho la realidad en que me encuentro como maestro.

Como maestro es un reto rescatar en los alumnos la pregunta original que los acerque al conocimiento. ¿Cómo crear inquietud, curiosidad, deseo de saber? Y una frase del autor del texto lo dice todo: “hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándolos a pensar”. David Rodríguez Seoane en su artículo Enséñeme a pensar dice lo siguiente: “Enseñar no es adoctrinar, es dar información pero dando también el método para entender, analizar, razonar y cuestionar una información, y eventualmente dar una respuesta”

Esta oportunidad que me da la vida, de estar al frente en un salón de clases me invita a que con responsabilidad descubra mis fortalezas y debilidades que me ayuden a ser un mejor docente. Así los jóvenes se darán cuenta que el maestro en realidad quiere ayudarlos para que ellos descubran sus propias potencialidades y su propio lugar en la vida. En clase de filosofía se intenta que los jóvenes reflexionen sobre las preguntas vitales de nuestro ser, que se plantearon los hombres sabios. ¿Quién soy? ¿Qué se supone que hago en esta vida? Y ¿Cuál es mi misión personal?

Profr. Artemio Pérez Rodríguez

4 comentarios:

  1. Artemio:
    Excelente reflexiòn que nos invita a retomar nuestro compromiso docente, no olvidando la finalidad de conducir el aprendizaje con amor y conocimiento.

    ResponderEliminar
  2. Artemio, Sabes me identifico contigo sobre todo por la creación de nuevos servicios educativos en condiciones deplorables, sin embargo, estos esfuerzos realmente hacen que una comunidad progrese y mejore su calidad de vida.
    Hasta pronto y felicidades.

    ResponderEliminar
  3. Sinceramente la aventura de ser maestro es una proesa, comenzamos haber que pasa y sin querer pasan los años y no queremos dejar la profesión, lo felicito por su entuciasmo y dedicación con los jovenes.

    ResponderEliminar
  4. Arte, te extiendo mis felicitaciones por haber creado este puente digital. Así mismo felicito a los jovenes que forman parte de este espacio, ya que ellos son los que le dan el toque especial. Buen trabajo!!!
    Arriba y adelante
    ERANDI

    ResponderEliminar